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sábado, 26 de julio de 2014

#17 Declaradamente locos.

Tú: estoy lista.
Gordon: ¿Por qué estás vestida de enfermera?-asombrado-
Tú: ¿parece real verdad, es lindo? así nadie sabrá que soy yo y podré entrar.
Gordon: es... extraño. Ahora entiendo porqué le gustas a Bill, no se debe aburrir nunca.
Tú: ¿Por qué lo dice?
Gordon: por nada.
Tú: ya, podemos irnos.
Gordon: esta bien, mi GPS nos guiará hacia el lugar, debemos ser cautos.

Mientras Gordon hablaba yo me fijaba en cada uno de sus rasgos, es un hombre bastante guapo para la edad que tiene y habla con soltura. Pensé en mi padre, y se me vino encima el tiempo, he pasado tantas cosas que no podría enumerar ni la mitad. Gordon estacionó en un bosque, y tuvimos que seguir a pie, el hospital, no era algo que pudiera imaginarme. He tenido que enfrentarme a mansiones de todo tipo luego de empezar a salir con Bill, pero esto trascendía todo lo que yo pudiera haber visto o imaginado, el lugar parecía un paraíso, hasta me dieron ganas de estar loca, bueno, un poco más loca.

Gordon: ¡Hola hola! vengo a visitar a mi hijo.
Guardia: Sólo personal autorizado.
Gordon: ¡Oh! comprendo, pero yo vengo a visitar a mi hijo.
Guardia: sólo personal autorizado.
Gordon: joder, que vengo a visitar a mi hijo.
Guardia: ¿Tiene una tarjeta como esta? -extiende una tarjeta naranja-
Gordon: No.
Guardia: entonces lárguese.
Gordon: ¿¡Qué clase de trato es éste!? déjenme pasar, soy una persona importante.
Guardia: Claro, y yo soy Paul McCartney.
Gordon: uyyy, que irrespetuoso. ¡(tunombre)! ¿Donde te fuiste? ¡Nos iremos! ¡haré que cierren este lugar y me devuelvan a Bill! ¡¡(TUNOMBRE)!! ¿A donde se habrá metido esta chica?
Guardia 1: (aparte) ¿A quién está bucando?
Guardia 2: No lo sé, quizás es uno de los de adentro.
Guardia 1: ¿crees que se escapó?
Gordon: ¡(Tunombre)!
Guardia 1: -aclarándose la garganta- Emm, señor ¿a quién busca?
Gordon: ¡Oh! busco a (tunombre) una chica que me vino acompañando, mide como un metro sesenta, estaba vestida de enfermera, pelo largo, estaba aquí hace un momento.
Guardia 2: ¿Vestida de enfermera?
Gordon: sí, ella es así.
Guardia 1: señor, jamás hubo nadie con usted aquí. (aparte) Llévalo adentro.
Guardia 2: entendido. Señor acompáñeme por favor -lo toma del brazo violentamente-
Gordon: ¡No! espere ¿qué hace? yo no pertenezco aquí ¡Sólo vine a ver a mi hijo! ¡Es el vocalista de una banda muy famosa!
Guardia 2: ¿Ah sí? ¿ahora me va a decir que esa banda es Nirvana? no me joda y vuelva a su habitación.
Gordon: ¡No! ¡No me lleven! ¡NOOOOO!

Al llegar a la entrada inmediatamente comprendí que esos guardias no nos dejarían pasar, ya tengo experiencia con hombres de negro, así que apenas llegué logré escabullirme por los grandes patios de la mansión-hospital, no sé que habrá pasado con Gordon, pero le estaré eternamente agradecida por haberme traído hasta aquí. Mi delantal blanco era de una fiesta de Halloween, ergo, era un poco más corto y ceñido que el de las demás enfermeras, pero para mi sorpresa me podía confundir perfectamente con ellas y siendo sincera me agradaba la idea de llevar un disfraz. Entré en la recepción y me acerqué a un gran mesón para intentar leer la habitación en la que podía estar Bill, pero antes de que pudiera hacer nada un hombre me detuvo, era uno de los Siquiatras del local, o eso indicaba su nombre en el delantal: Dr Evan Blair. Parecía de aproximadamente unos 32 años, y su porte y su rostro parecían como esculpidos por el propio Zeus, si es que él mismo no lo era.

Dr. Evan: ¿Señorita?
Tú: ¿Sí?
Dr. Evan: ¿Qué busca? No la había visto antes
Tú: sí, es que, hace un rato, sólo llegué hace un rato.-titubea-
Dr. Evan: ahh ¿Trabaja con el doctor Scott?
Tú: Ah! sí, con él, y la verdad soy nueva, y estoy un poco confundida, este lugar es muy grande.
Dr. Evan: Sí, cualquiera se perdería, pero recuerde que los pacientes van por orden alfabético, eso la ayudará mucho, primer piso A, y así sucesivamente, aproximadamente en la letra M cambia de Pabellón.
Tú: ¡Muchas gracias! eso me servirá mucho.
Dr. Evan: Ah, oiga y... su delantal está muy corto.
Tú: Lo siento mucho, es que tampoco nadie me dijo de qué largo era.
Dr. Evan: -se acerca seductoramente y me habla al oído- No se preocupe, me gusta más así, además, seas quién seas me debes un favor, porque aquí no trabaja ningún Dr. Scott, y el uniforme de enfermera lo da el hospital.-pasa su mano delicadamente por mi muslo y luego se aparta- Adiós señorita, espero le vaya muy bien en su primer día en este hospital.

Me dejó helada, no podía ni moverme, ¿qué diablos había hecho? él sabe que soy una infiltrada y aún así me ayudó, sin contar que sin que yo le diera ninguna atribución exclusiva me tocó descaradamente. Pero lo dejé de lado de inmediato, seguramente él sería una de esas personas que sólo vemos una vez en la vida. Calculé más o menos en qué piso deberían encontrarse los pacientes con Apellido K, y luego de interminables momentos logré hallar la pieza de Bill. Cuando abrí la puerta me encontré con una habitación totalmente desordenada, todo lo que podía haberse encontrado en mesas o estantes estaba en el piso, roto o simplemente tirado, era como si un huracán hubiese pasado por el lugar, Bill se encontraba en una cama tendido boca abajo.

Bill: ¡Si es otra maldita enfermera váyase de aquí! ¡Ya no quiero nada! ¡No voy a tomar nada! NO estoy loco, sólo quiero que todos se vayan a la mierda.

Al estar hundido en la cama no pudo verme, sólo sintió a alguien entrar, me dio una punzada en el pecho cuando lo vi así, se notaba que él había tirado todo esto, lleno de ira o de desesperación, me dolió verlo así, me dolió mucho, pero paralelo a ese dolor la imagen de Bill besando a Connie se repetía en mi mente una y otra vez, era una imagen transformadora y sin retorno que me hacía temblar. ¿Bill, tú la besaste? ¿Bill, te acostaste con Connie mientras yo no estaba? quería hacer tantas preguntas pero nada salía de mis labios, sólo pude articular las palabras más simples, y las que menos quería decir.

Tú: Bill, te amo.




jueves, 24 de julio de 2014

#16 Laberinto griego

Una profunda y fuerte punzada recorre mi cabeza desde el lóbulo frontal al occipital, siento los labios secos, mucha sed, y mi cuerpo desprende una sensación de angustia, no soy capaz de enderezarme. ¿Qué pasó conmigo? ¿Cómo llegué a esto? Imágenes de mi pasado inmediato se detienen en mi recuerdo, pero aún así no logro hilar mis ideas y entender. Mientras mis ojos se acostumbran a la luz, me doy cuenta de la suavidad de la cama donde estoy tirado, es una habitación bastante clara, amplia, pero no puedo percibir nada más. Por el cuarto sólo se extiende el color blanco, logro enfocar mi vista en una enfermera a mi lado.

Bill: ¿Donde mierda estoy?
Enfermera: Buenos días señor, será mejor que siga durmiendo, lo único que necesita saber es que este es un lugar de tranquilidad donde deberá permanecer por un tiempo.
Bill: -atontado- ¿Por un tiempo? ¿¡Qué?! ¿de qué habla? ¡Me voy de aquí inmediatamente!
Enfermera: lo siento, pero no puede irse.
Bill: ¿Quién me lo va a impedir? ¿usted? no es por ofenderle, pero soy más fuerte que una mujer.
Enfermera: afuera de la habitación están los guardias que trajo su madre, así que por favor quédese tranquilo.

Me parecía insoportable su falsa amabilidad. Estaba encerrado, mierda, Simone me había encerrado, Simone me había ganado. Recorrí la habitación y entendí donde estaba, era un edificio, lo más probable es que este sea el piso 5 o 6, lo más probable también es que sea un hospital psiquiátrico, por lo cuál tampoco me ayudaría actuar como un psicótico.

Bill: esto debe ser ilegal de alguna manera.
Enfermera: su madre está preocupada por usted, no hay nada malo en eso.
Bill: ¡Soy mayor de edad maldita sea, puedo cuidarme a mí mismo, déjeme salir de aquí!
Enfermera: ella tiene un poder legal, de al menos una semana.
Bill: ¿que qué diablos?

¿Poder legal? ¡yo no entiendo nada de estas cosas! y hasta este día no había probado lo que era la falta de libertad, el estar realmente encerrado entre cuatro paredes, el que alguien te tomara y te diera órdenes "no puedes salir" "nadie puede entrar" no quiero estar más aquí. Esto no es Romeo y Julieta, me voy a volver loco.

Narras tú:

Qué impresionante es cuando quieres a alguien. De un momento a otro todo se resume en estar con esa persona y yo no puedo con esos sentimientos. Llega una chica más alta y ya me siento a un lado, me miro y pienso que quizás soy menos, que quizás ella vale más que yo por el simple hecho de ser más bonita, como si yo no lo fuera, pero sí lo soy, porque tengo ideas, las ideas son hermosas y yo coexisto con  ellas, eso es lo que terminé pensando, quizás suene ridículo, quizás sea la última alternativa ante todo esto, mi última alternativa, pero eso es lo que pienso ahora. Recorrí de nuevo estas calles, y me estoy preguntando porque será que siempre escapo, método perfecto de evasión, como un simulacro de emergencia. Luego de unas horas creí que lo mejor sería volver al hospital, sentía un miedo terrible de toparme de nuevo con estas personas, pero sólo quería volver a ver a Bill, aclarar las cosas y dejarlo, ya no quiero finales a medias ni huidas, aprenderé a decir las cosas a la cara.
Volví al piso donde se suponía se hallaba Tom hospitalizado pero no encontré a nadie, cuando ya estaba a punto de marcharme y darme por vencida, tuve la suerte de encontrarme con Gordon.

Gordon: ¡(tunombre)!
Tú: ¡Señor! que bueno que encuentro a alguien ¿sabe donde está Bill?
Gordon: Oh, dime Gordon por favor, sí, lamentablemente creo que sí sé donde está.
Tú: ¿Lamentablemente?
Gordon: Simone se lo llevó, ¡se lo llevó!
Tú: ¿de qué habla?
Gordon: he estado haciendo llamadas y llamadas, y al fin pude averiguarlo, Simone lo  llevo a un hospital fuera de la ciudad donde tiene médicos amigos, lo encontró borracho en una calle y cree que para que se recupere debe mantenerlo ahí por unos días.
Tú: ¿¡QUE HIZO QUÉ?! ¡está loca! perdón por decirlo, pero maldita sea, ella está loca, ¡no puede llevárselo!
Gordon: lo sé, lo sé, Simone ha llenado su cabeza de ideas extrañas desde que habla con esa tal Sophie, ya no es la misma de antes, y temo que Bill no la perdone jamás.
Tú: Deme la dirección.
Gordon: ¿Para qué? No te dejarán pasar.
Tú: ¡Tengo que ir allá!
Gordon: No me estás escuchando, está lejos, y rodeada de guardias.
Tú: Pues entonces lléveme, a usted lo dejaran pasar y yo necesito ver a Bill.
Gordon: ¿No estabas enojada con él?
Tú: sí, lo nuestro terminó.
Gordon: ¿Entonces?
Tú: terminó pero sólo yo sé que terminó, suena caprichoso, pero esa señora no me impedirá hablar por última vez con él y decirle esto, decirle que lo dejo y que está bien si está con Connie porque ella es más bonita, pero también advertirle que es de lo peor.
Gordon: ¿te das cuanta de lo ilógico que es lo que quieres hacer?
Tú: ¡sí! pero lo necesito, y sé que Bill también, y no puede negar que es más absurdo que él este ahí adentro encerrado!
Gordon: sí, tienes razón, haré algunos llamados, arreglaré algunas cosas y te iré a buscar para que vayamos a ver a Bill.
Tú: Gracias.

Al día siguiente Gordon fue a buscarme a casa y esa misma tarde haríamos el viaje hacia el lugar, realmente no estoy segura de nada, me siento turbada y contrariada, como si fuera la heroína de esta historia, el príncipe que va a rescatar a su princesa para luego decirle: no te quiero ver más. Y es que en la vida real no existen los finales felices, porque de partida, no existen los finales.