Narra Bill:
La llevé al hotel donde me hospedaba, parecía una muñeca, absolutamente
bajo mi control, pues estaba sumida en un cansancio que le impedía moverse o
estar totalmente consciente, le saqué la chaqueta que estaba mojada y la
acosté. Luego me senté en una silla mientras miraba la televisión, aunque sólo
mirar, mi atención estaba en otra parte, estaba revisando las imágenes en mi
cerebro de lo que ocurrió, de su estado de descontrol ¿qué habrá pasado?
Luego de casi 2 horas ella despertó, yo estaba acostado en la misma cama
pero en el otro extremo, me hice el dormido y vi que se paró de la cama, estaba
huyendo de la pieza cuando le hablé.
Bill: ¿despertaste?
Tú: ah…sí.
Bill: ¿estás mejor?
Tú: sí, gracias por todo, me iré de inmediato, también te pagaré todo.
Bill: ¿desde cuándo tan formal?
Tú: ¿perdón?
Bill: te digo que no hace falta que seas tan seria, como si no nos
conociéramos.
Tú: no es tan diferente.
Bill: ¿ah sí? ¿Crees que no nos conocemos?
Tú: conocer abarca mucho, pero no importa, te estoy agradecida, ahora me
iré.
Bill: no.
Tú: ¿disculpa?
Bill: No puedes salir hasta que me cerciore de que estás en un buen estado.
Tú: estoy bien, no te preocupes, además tampoco quiero molestar aquí.
Bill: no molestas, me gusta cuidarte.
Tú: pero a mí no me gusta estar aquí.
Bill: jo, que malagradecida eres.
Tú: ya te di las gracias.
Bill: no es suficiente.
Tú: ya te dije también que te pagaré.-agarra su chaqueta mojada y se
dispone a ponerse los zapatos-
Bill: tampoco es suficiente.
Tú: mira, no estoy de ánimo para tus jueguitos de palabras, así que me voy.
Bill: -se para de la cama y se acerca a ti- te dije que no te puedes ir, no
has pagado la fianza.-te toma por la cintura-
Tú: suéltame idiota, no te aproveches de la situación.
Bill: -sonríe- ¿Sabes? Pensé mucho sobre esto, pensé en que no debería
atacarte de esta manera por el estado en el que te encontrabas, tan desarmada,
indefensa.
Tú: ¿y entonces por qué lo estás haciendo?
Bill: -te apreta más contra él-
¡pero…! ahora que te estoy mirando en la noche, con la luna en la
ventana y toda luz artificial apagada, ahora que te escucho de nuevo insultarme
y dejar salir de nuevo tu lado de fiera,
pienso que sería el más imbécil si te dejara ir así, si no posara mi
cuerpo en tu cuerpo, si no disfrutara del olor del éxtasis. –Huele tu cuello-
Tú: Bill, déjame ya.
Bill: no me vengas a decir que te deje, o que no te gusto, que esa mentira
la sé a ciencia cierta, sé que mientes para defenderte, pero también sé que te
gusta mi roce, la piel se te eriza y es un placer de dioses tocarte.-pasa sus
dedos sobre tu hombro- ¿Me vas a negar lo de lo que digo? ¿O puedo seguir con
el poema que es el amor contigo?-baja su mano por tu vientre hasta tu sexo-
Tú: -lo apartas- vete al infiero si quieres que pague la “sentencia” con
sexo, como si fuera una prostituta.
Bill: suena frío cuando lo dices.
Tú: es frío.
Bill: sí…-suspira cabizbajo y te suelta lentamente-
No saben lo deprimido que me sentía,
no era otra cosa, no era frío, no era cansancio, me deprimía verla ir, cómo si
los látigos de muchas manos cayeran sobre mí.
Bill: me pareces insólita, te vas de aquí así, fingiendo, es hasta
patético.
Tú: ¿qué?
Bill: sólo digo que es absurdo que
nos compliquemos tanto.
Tú: Bill…
Bill: que no vale la pena, que deberíamos dejar de jugar y…
Tú: ¡Bill!
Bill: ¿qué?
Tú: Dejemos esto ya. Ha pasado mucha agua bajo el puente, ha pasado tiempo,
cambiamos. Si seguimos tirando del elástico de esta relación se cortará para
siempre. Paremos ahora.
Bill: ¿Elástico? ¿Qué metáfora es esa? ¿De qué me hablas? Cuando hay amor
esas cosas son sólo excusas.
Tú: ¡Bueno no sé! Inventa algo tú, el punto es que yo no quiero seguir con
esto y no puedes obligarme.
Bill: -cabizbajo- ¿o sea renuncias?
Tú: sí, renuncio.-dijiste firme-
Narras tú:
Decidí hacerme un altar y maldecirme todos los días, algo así como un santo
de los idiotas, de los indecisos, o simplemente de los perdidos. ¿Por qué
renuncié? Y luego ¿por qué se lo dije? De pronto toda la vida se me había
vuelto real, seria, había sentido responsabilidades, yo era responsable de su
estado, de la confusión que estaba creciendo en la habitación, y del absurdo de
mis palabras.
Tú: pero, podemos ser amigos.
¿Amigos? Si pudiéramos elegir el momento de nuestra muerte todo sería más
grato. A veces me pongo a pensar en el día que deje de existir, cómo seguiré,
quizás me convierto en gato, o en águila, porque eso del infierno o el cielo no
me convence. El caso es que, si pudiéramos elegir el momento para desaparecer,
hubiera elegido ese.
Bill: ¿Amigos? ¿Estás segura?
Tú: claro que no.-se te quiebra la voz- pero creo que es necesario.
Bill: -te mira melancólico- Está bien, pero hazme el favor de no irte
ahora, quédate a dormir, o me preocuparé mucho.
Me quedé dormida en esa cama que me doblaba en altura –pareciera que
estuviera echa de cielo-. Pensaba que desde mañana todo había terminado, que yo
había decidido que esto pasara así, y ahora supuestamente era responsable de mi
madurez, de mi nueva habilidad para decir adiós, y de la frialdad que estaba
naciendo en mí.
Pero desde hace días no puedo entenderme, y los sentimientos aparecen mucho
después de los sucesos, como una oleada de rencor, tristeza o nostalgia, ahora
me sentía tranquila, pero quizás después, mañana, o pasado, me cayera una
estaca en la espalda anunciándome el error de mis palabras y me mostrara lo
equivocada que estaba acerca de mis sentimientos y del amor que siento por
Bill.
Desperté a eso de las 11 am, Bill tenía el desayuno listo, comí y me despedí de él, fue incómodo, bastante incómodo, es difícil despedirse cuando no sabes si ese adiós es temporal, o para siempre. Pero ahora tenía todo en mente, no me podía quedar sólo así, iré a hablar con Matías, sé dónde encontrarlo y me va a tener que escuchar.
Tú: Me vas a decir cuando vas a parar esta mierda y le vas a contar la
verdad a Ale.-increpó apenas llegaba al lugar-
Matías: no me vengas con esas amenazas de niñata, los dos sabemos que eres
incapaz de hacer algo.
Tú: hijo de puta, Matías jamás pensé que podrías llegar a actuar así, si no
vas a decir la verdad tan sólo déjala, vete, dile que terminaron, que te
aburriste, pero déjala en paz, no quiero que siga haciendo de tonta.
Matías: ¿por qué te importa tanto maldita sea? Sólo la he engañado dos
veces, ni siquiera es importante.
Tú: -sorprendida- ¡¿DOS VECES?! Parece que no tenemos los mismos estándares
de ética. Ella te quiere de verdad, déjala.
Matías: vete a joder a otra parte, ya sabes quién gana en esta competencia,
Ale me cree a mí.
Tú: es que no puedo creer lo hijo de puta que eres.
Matías: -enojado- Haber, vamos a dejar las cosas claras.-dice acercándose
raudo- Yo jamás he estado enamorado de Ale y eso ella lo sabe, ¿o nunca te
diste cuenta que desde el principio yo estaba enamorado de ti?
Sus palabras me sacaron de mis casillas, no esperaba eso, no esperaba que
detrás de esto estuviera metida yo. Sólo quiero lo mejor para Ale, ¿por qué
esto se está complicando tanto?
Tú: es la peor excusa que he oído.
Matías: es la verdad.-se acerca aún más- imagínate todos esos días que te
tenía que mirar de lejos, sólo de lejos, qué tortura no, y después aparece tu
amiga, cede un poco por aquí, un poco por allá, noté que le gustaba y ¡bum! Lo que
quería hacer contigo, lo hice con ella.
Tú: -intentas apartarlo pero él no cede- Eres asqueroso, ¡no puedes hablar
de esa manera de ella!
Matías: -te empuja contra un anuncio de coca cola, estaban en una calle
cualquiera, deshabitada a esa hora- ¿asqueroso? ¿A caso no pensaste alguna vez
en todo esto? ¿no te dieron ganas de revolcarte conmigo? Lo que pasó es que
preferiste a alguien más grande, más interesante y te fuiste con ese marica.
Pero no me vendas la postura de "santa y protectora", porque no te queda, sigues
siendo sólo una putilla.
Recordé al dueño del auto que pateé, parece que la gente está empeñada en
llamarme puta.
Tú: suéltame ahora, no te rebajes más de lo que ya lo hiciste, sabes que lo
que dices es mentira. Y no tengo ni la mínima intención de gustarle alguien
como tú.
Matías: Los pantalones apretados y los vestidos cortos dicen lo contrario,
te gusta que te miren, admítelo, te gusta que los hombres te recorran
entera.-pasa una de sus manos alrededor de tu cintura-
Esto me está molestado y a la vez se está volviendo peligroso, no conozco a
este Matías que tengo en frente y se me está haciendo difícil apartar su cuerpo
de mí cuerpo, es mucho más fuerte que yo, y aunque se me hace imposible pensar
que puede atacarme de alguna manera sexual, la proximidad me pone nerviosa.
Tú: ¡que no me toques! Apártate, déjame tranquila, deja tranquila a Ale.
Matías: -sonríe al ver que te has puesto nerviosa al no poder apartarlo- ¿Y
si nos divertimos un rato?-sube una de tus manos hacia tus pechos-
Intenté apartarlo con todas mis fuerzas pero parecía imposible, de pronto
se había echo más fuerte, o quizás siempre lo fue, sólo que nunca tuve que
enfrentarme a él. No sé cómo explicarme eso ¿cómo alguien puede cambiar tanto? ¿O
a caso siempre fue así?
Reaccionó a mis empujones con mayor alteración y se
abalanzó hacia mi cuello, estaba empezando a sentir asco cuando recordé a una
profesora que tuve en básica, ella nos dio el mejor consejo sobre defensa
personal. “Si tu oponente es del sexo masculino, no hay nada más eficiente que
un golpe, donde más les duele, ustedes saben dónde.” GRACIAS PROFESORA,
GRACIAS.
Tú: -le das un golpe con la rodilla en la entrepierna- ¡Sal imbécil!
Podría jurar que la escena se había acabo y que podría escaparme de él.
Pero el golpe resultó contrario, el dolor lo hizo caer, y de pronto parecía
como si hubiera absorbido la ira de un país entero…
TENGO COMPUTADOR NUEVO!!!!!! ÑEÑE perdóooon, por favor perdóoon por todo este tiempo, ojalá aún me lean T--------T lo perdí todo, es una tragedia, pero aquí estoy, espero seguir. Me gustaría que tuviéramos una forma de comunicarnos para que me recuerden que escriba y para que yo pueda decirlos cuándo escribiré, y también para conocerlas, pero no sé que utilizar, bueno, no las molesto más, ojalá les guste y saludos para todas♥♥